De los clásicos al mundo contemporáneo

     Nuestra última sesión con Nacho, docente de La Formación del Lector Literario, nos dejó con un sabor agridulce. Dulce, por todas las lecciones que nos llevamos de cada una de sus clases, pero, amargo, por la impotencia de desconocer si tendremos la habilidad de inculcar esa pasión por la literatura y la enseñanza de la misma manera que él lo ha hecho con nosotras, a nuestros futuros alumnos.

    ¿Pasión por la literatura? Suena utópico, ¿no? Pero, me arriesgaría a decir que muchos de vosotros habréis pensado en cómo llegar a decenas de estudiantes que simplemente pretenden pasar sus días de la manera más amena posible. Ahora bien, quizás ahí este la clave, convertir lo tedioso en algo agradable. Si dejamos en un segundo plano, lecturas incapaces de captar a nuestro alumnado y fomentamos temáticas cercanas a sus intereses, quizás consigamos aquello que parecía imposible, inculcar pasión por la lectura.

    Probablemente, no seré la única que recuerde su etapa en secundaria, como ese trayecto incansable de lecturas interminables e incomprensibles para mi edad, tales como Los Entremeses de Miguel de Cervantes o El Lazarillo de Tormes. Ambas, brillantes, no podemos negar lo indiscutible, aunque con una complejidad excesiva, que termina alejando a los estudiantes de la literatura. No debemos olvidar, que para que la lectura sea un espacio de descubrimiento, agradable, un refugio de placer, es urgente incorporar temas de actualidad, en los que se inserten las realidades de los adolescentes.

    En consonancia con lo mencionado previamente, me gustaría incidir en Nando López. Este autor aborda los problemas de los adolescentes, con un lenguaje claro y sencillo que traslada sus realidades en cada una de sus páginas. Obras que tratan temas como la identidad, la violencia, el suicidio o la desigualdad, y que, conectan a nuestros estudiantes con la lectura. De esta manera, desaparece la idea tradicional de percibir la enseñanza como una institución académica que, solamente, incluye contenidos teóricos. Lo que da paso a concebir el aprendizaje como una herramienta cercana a nuestros intereses y preocupaciones.

    La incorporación de lecturas contemporáneas no implica excluir definitivamente los clásicos, sino adaptar su enseñanza en el aula. Un espacio que debe contar con publicaciones de distintas voces (femeninas, masculinas, hispanoamericanas, etc.), que amplíen la visión del mundo de nuestros estudiantes. 

Finalmente, incidir en la relevancia de adaptar la enseñanza a nuestros tiempos. Nosotros, como futuros docentes de lengua y literatura castellana, no podemos tener el objetivo de inculcar nuestras pasiones, sino tenemos en cuenta las suyas. Un centro educativo, y, concretamente, un aula, debe ser un espacio que nos permita conectar con el mundo y con nosotros mismos. Algo, que la literatura es capaz de ofrecernos, si subimos los escalones adecuados para acceder a ella. Dichos escalones deben construirse con textos que el alumnado sienta 
cercanos, que hablen su lenguaje y muestren sus preocupaciones e inquietudes. 
                            Imagen creada con IA

No podemos esperar que se acerquen a la literatura, si les mostramos realidades en las que son incapaces de reconocerse. Por ello, nuestro papel como futuros docentes, no es imponer una serie de lecturas obligatorias, sino tender un puente, que sean capaces de construir con su predilección. Solo así la literatura dejará de ser un enemigo, para convertirse en nuestro aliado.

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