Revolución en la formación docente
Hace unos días apareció en el periódico El País la noticia que ponía de manifiesto la propuesta por parte de las facultades de Educación españolas de ampliar la formación del profesorado. Este cambio supondría ampliar el grado de Magisterio un año más, es decir, pasar de cuatro a cinco años y, por otra parte, el máster de Secundaria ya no sería un año, sino dos. El objetivo de esta propuesta es reforzar tanto los fundamentos clásicos, es decir, las didácticas de lengua, matemáticas o ciencias, como las nuevas competencias que exigen las aulas actuales, como son la inclusión, la atención a la diversidad y la prevención de sesgos de género, sin obviar la mejora en cuanto a la parte práctica.
Esta cuestión se debatirá y votará en la Conferencia de Decanos y Decanas de Educación en noviembre en Las Palmas de Gran Canaria, pero es conocido ya un amplio consenso. Además, si se llega a aprobar, se presentará al Ministerio de Educación y a las universidades.
Otro aspecto novedoso que destaca es la idea de implantar un examen de acceso para las carreras de Educación, siguiendo el modelo de varios países europeos y algunas autonomías como Baleares y Cataluña. Se pretende aumentar el prestigio y la exigencia de los estudios de magisterio para que vayan en consonancia con países como Francia, Alemania o Finlandia, en los que los programas ya duran cinco años.
Como alumna del Máster de Profesorado encuentro extremadamente interesante esta información y no puedo evitar dar una opinión al respecto. Realmente, ¿añadir un año más va a mejorar la calidad de la formación que se va a impartir? Es cierto que las prácticas que estamos obligados a realizar son escasas, ya que en 100 horas no es posible abordar todos los aspectos necesarios para formarse como docente. Además, es una evidencia el hecho de que la psicología debe estar presente en nuestra formación, puesto que vamos a tratar con personas, en concreto, adolescentes. Por ello, en cuanto a la ampliación teórica, creo necesaria la presencia de asignaturas centradas en las características psicológicas de estos jóvenes para conseguir estrategias adecuadas que nos permitan motivarlos. Es cierto que la asignatura Aprendizaje y desarrollo en la adolescencia es una gran base, pero en mi parecer, queda escueta en relación con el tiempo que empleamos en ella.

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